Cómo el olor a enfermedad puede afectar a las personas sanas

Existe un fuerte vínculo entre el olfato y la salud. En un nivel muy básico, el olor de una persona revela mucho sobre su estado de salud, incluso si no es consciente de ello. Un nuevo estudio revela más sobre cómo el "olor a enfermedad" envía pistas a otras personas.

¿Qué sucede cuando personas enfermas y sanas comparten un espacio vital?

Las enfermedades y las infecciones pueden alterar el olor corporal. Este mecanismo es una herramienta importante, aunque generalmente no somos conscientes, para guiar los mecanismos de autoconservación de las interacciones sociales.

Si podemos “sentir” que un extraño en el autobús tiene un resfriado, instintivamente podemos evitar sentarnos a su lado.

Investigaciones anteriores han demostrado que los roedores son particularmente hábiles para detectar enfermedades.

Esto influye en su comportamiento social e impacta con qué otros roedores eligen interactuar y cuándo.

Además, considerando que los animales tienen mejor olfato que los humanos, algunos investigadores también han tratado de entrenarlos para identificar ciertas enfermedades humanas.

Por ejemplo, los científicos de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia buscaron entrenar perros para que olfatearan el cáncer de ovario.

Un nuevo estudio del Monell Center en Filadelfia, Pensilvania, ahora muestra que la enfermedad puede influir no solo en el olor corporal de una persona infectada, sino también en el de otras personas con las que comparten un espacio vital.

"La exposición a los olores de las personas enfermas puede desencadenar respuestas protectoras o preparativas en sus interlocutores sociales para minimizar el riesgo de una infección inminente", señala la autora principal del estudio, Stephanie Gervasi.

Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Informes científicos - podría remodelar nuestro conocimiento de cómo el olor de la enfermedad puede influir en las interacciones sociales.

Cuando los enfermos y los sanos conviven

Investigaciones anteriores realizadas por investigadores de Monell, en colaboración con colegas de otras instituciones, en ratones han demostrado que incluso la inflamación puede cambiar el olor corporal de un individuo.

Estos cambios sutiles permiten a los roedores captar señales sobre posibles signos de infección y, por lo tanto, mantenerse alejados del contagio.

Entonces, para probar cómo estos cambios de olor afectarían a las personas sanas, Gervasi y su equipo inyectaron a un grupo de ratones lipopolisacárido (LPS), una toxina no infecciosa que, sin embargo, desencadena la inflamación en el cuerpo.

Los investigadores alojaron a los roedores inoculados con LPS, que representaban un modelo de infección, en el mismo recinto que varios ratones completamente sanos.

Luego, introdujeron "ratones biosensores", también conocidos como "ratones rastreadores", que son animales entrenados para diferenciar entre el olor específico de la orina de los ratones inyectados con LPS y el de la orina producida por ratones sanos.

Gervasi y sus colegas encontraron que era probable que los ratones rastreadores "categorizaran" la orina de los ratones sanos alojados con ratones experimentales de la misma manera que la de los roedores inyectados con LPS.

En otras palabras, los ratones sanos que habían compartido un recinto con los ratones "enfermos" tendían a producir los mismos olores que estos últimos.

"Una transferencia de información notable"

Estos hallazgos se mantuvieron firmes en experimentos posteriores, en los que los científicos colocaron ratones sanos y ratones inyectados con LPS en recintos separados por una partición perforada, lo que permitiría que los olores circularan pero evitaría que los animales de los dos grupos se tocaran e interactuaran.

Este segundo experimento también sugirió que el método de transmisión no se debió a la interacción física entre los ratones.

“Este trabajo muestra no solo que los olores señalan enfermedades, sino que pueden tener fuertes efectos en las personas que los detectan”, señala el coautor principal del estudio, Gary Beauchamp.

"Se trata de una transferencia de información notable a través del olfato que altera específicamente la fisiología y podría desempeñar un papel en la transferencia de enfermedades entre los individuos de muchas especies".

Gary Beauchamp

El coautor principal del estudio, Bruce Kimball, señala que los nuevos hallazgos pueden tener implicaciones de mayor alcance.

"Este conocimiento de que los animales sanos pueden emitir olores asociados con la enfermedad", dice, "puede informar nuestros esfuerzos para utilizar los olores corporales para comprender cómo se transmiten los patógenos dentro de una población de animales".

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