Dolor crónico y el poder del placebo

Un nuevo estudio preguntó si ciertas personas con dolor crónico deberían recibir pastillas de azúcar para controlar sus síntomas. Los científicos aprovechan las diferencias individuales que hacen que algunas personas sean más susceptibles a un placebo.

La anatomía del cerebro y el tipo de personalidad pueden influir en la susceptibilidad al efecto placebo.

Un placebo es una intervención médica, ya sea una píldora, una inyección o una cirugía simulada, que no tiene valor terapéutico.

El efecto placebo se refiere a los beneficios reales que pueden tener estas intervenciones inertes.

El simple hecho de tomar una tableta puede hacer que una persona sienta sus beneficios.

Sin embargo, esto no es solo un fenómeno psicológico; tiene una base biológica.

Como ejemplo, algunos estudios han demostrado que un placebo puede afectar la presión arterial; una clara respuesta fisiológica.

Sin embargo, el efecto placebo es más evidente en afecciones que dependen de la autoevaluación de los síntomas, como la ansiedad, el síndrome del intestino irritable y el dolor crónico.

En los ensayos de dolor crónico, por ejemplo, el efecto placebo a menudo puede ser tan grande como la respuesta al tratamiento que se está probando. De hecho, la respuesta a un placebo a veces puede ser mayor que la respuesta al tratamiento convencional.

Placebo como opción viable

Debido a que los medicamentos estándar que se usan para tratar el dolor crónico pueden tener efectos adversos significativos con el tiempo, la posibilidad de que una tableta inerte beneficie a algunos pacientes es de gran interés. Sin embargo, una de las dificultades es que no todo el mundo es igualmente susceptible al efecto placebo.

Un estudio reciente se propuso investigar este problema: ¿sería posible predecir el tamaño de la respuesta de una persona a un placebo antes de tomarlo? Los resultados fueron publicados recientemente en la revista Comunicaciones de la naturaleza.

Para investigar, los científicos de la Universidad Northwestern en Illinois estudiaron a 60 voluntarios con dolor de espalda crónico. Dividieron al grupo en dos brazos de estudio; uno tomó el fármaco o un placebo, mientras que otro asistió a la clínica pero no recibió tratamiento.

Cada persona completó una serie de cuestionarios en profundidad que evaluaron su personalidad y el tipo de dolor que experimentaron. También pasaron por cuatro sesiones de neuroimagen.

Como era de esperar, algunas personas que tomaron el placebo sintieron un alivio significativo del dolor; estos participantes fueron luego examinados más a fondo.

Los científicos encontraron que aquellos que respondieron al placebo tenían asimetría en su sistema límbico subcortical, que es una parte del cerebro involucrada en la emoción.

Particularmente, los investigadores encontraron que era más grande en el lado derecho que en el izquierdo. Estas personas también tenían un área sensorial cortical más grande que las que no respondieron al placebo.

Además, los voluntarios con una fuerte respuesta al placebo eran más conscientes de sí mismos emocionalmente, conscientes de su entorno y sensibles a situaciones dolorosas.

Sin necesidad de secretos

La autora del estudio, A. Vania Apkarian, profesora de fisiología en la Northwestern University, cree que “los médicos que tratan a pacientes con dolor crónico deben considerar seriamente que algunos obtendrán una respuesta tan buena a una pastilla de azúcar como cualquier otro fármaco. Deberían usarlo y ver el resultado. Esto abre un campo completamente nuevo ".

Darle a un paciente un placebo puede parecer algo deshonesto, pero para aquellos que son sensibles a sus poderes, este no tiene por qué ser así.

“Puede decirles: 'Te estoy dando un medicamento que no tiene ningún efecto fisiológico, pero tu cerebro responderá'. No es necesario que lo ocultes. Hay una biología detrás de la respuesta al placebo ".

Prof. A Vania Apkarian

Estos resultados podrían ser importantes para las personas con dolor crónico y otras afecciones, y también podrían revolucionar la forma en que se llevan a cabo algunos ensayos clínicos.

El efecto placebo ha sido durante mucho tiempo una espina clavada en la investigación médica; saber exactamente qué ha aliviado los síntomas, ya sea el fármaco o el efecto placebo, nunca se puede saber realmente.

Sin embargo, si los investigadores saben qué participantes tienen probabilidades de tener mayores respuestas al placebo, pueden descartarlos inicialmente, proporcionando resultados más confiables a largo plazo.

Como explica el profesor Apkarian, "los ensayos de fármacos necesitarían reclutar a menos personas, y la identificación de los efectos fisiológicos sería mucho más fácil".

Cuanto más entendemos sobre el efecto placebo, más nos acercamos al tratamiento de enfermedades sin la necesidad de productos químicos tóxicos. "Es mucho mejor darle a alguien un fármaco inactivo en lugar de un fármaco activo y obtener el mismo resultado", añade el profesor Apkarian.

Aunque el efecto placebo tiene muchos misterios por resolver, cuanto más entendemos, más nos acercamos a tratar ciertas afecciones de una manera mucho más suave.

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