¿Puede simplemente cambiar los horarios de las comidas ayudarlo a perder más peso?

Un nuevo estudio que trabaja con un modelo de dieta de ayuno intermitente muestra cómo modificar la hora del desayuno y la cena podría ayudarlo a perder peso.

¿Cómo influye el cambio en los horarios de las comidas en sus esfuerzos por perder peso?

El ayuno intermitente es una forma de dieta que permite a las personas perder peso al “incitar” al cuerpo a que cambie a la quema de grasas para convertirlas en energía.

Además de inducir la pérdida de peso, se han aclamado varios modelos de ayuno intermitente por aportar beneficios adicionales para la salud.

Un tipo de dieta de ayuno es la alimentación con restricción de tiempo, en la que las personas que hacen dieta solo comen durante un número específico de horas todos los días.

Recientemente, los investigadores, dirigidos por el Dr. Jonathan Johnston, de la Universidad de Surrey en el Reino Unido, decidieron realizar un estudio a partir del modelo de alimentación restringida en el tiempo.

¿La diferencia? A algunos de los participantes del estudio se les pidió que se apartaran de los horarios en los que normalmente tendrían sus comidas diarias.

Los investigadores hicieron esto para ver cómo la alteración de los patrones de tiempo cuando se trata de comer puede afectar el peso de una persona, así como otros factores de salud, como los biomarcadores de diabetes y enfermedades cardíacas.

Informan sus hallazgos en un artículo ahora publicado en el Revista de ciencia nutricional.

Cambiar los horarios de las comidas puede ayudar

El equipo de investigación trabajó con una cohorte inicial de 16 participantes, de los cuales 13 siguieron con éxito el estudio, que duró un período de 10 semanas.

El Dr. Johnston y sus colegas dividieron a los participantes en dos grupos. A las personas del primer grupo se les pidió desayunar 90 minutos más tarde de lo habitual y cenar 90 minutos antes de lo habitual.

Los participantes del segundo grupo actuaron como controles y siguieron comiendo a la misma hora en que lo harían normalmente.

De lo contrario, no hubo restricciones dietéticas y todos siguieron sus dietas normales, siempre que lo hicieran solo entre los horarios designados.

Al inicio de la intervención, así como durante todo el estudio, los investigadores recolectaron muestras de sangre de cada participante. Al final del estudio, los voluntarios completaron un cuestionario, ofreciendo comentarios sobre qué tan bien les fue durante las 10 semanas.

El Dr. Johnston y su equipo encontraron que los participantes del primer grupo, que modificaron sus horarios de desayuno y cena en 1,5 horas, perdieron más del doble de exceso de grasa corporal, en promedio, que los que seguían sus horarios habituales de comida.

Además, los investigadores notaron que los participantes en el grupo experimental en realidad tendían a comer menos alimentos a la hora de las comidas que sus contrapartes en el grupo de control.

Los voluntarios que participaron en la intervención lo observaron ellos mismos, informando que comieron menos debido a la disminución del apetito, menos oportunidades para comer o menos meriendas por la noche.

Sin embargo, no está claro si estos participantes que ayunaron durante más tiempo también afectaron la cantidad de grasa corporal que perdieron.

“Aunque este estudio es pequeño, nos ha proporcionado una valiosa información sobre cómo las pequeñas alteraciones en los horarios de las comidas pueden tener beneficios para nuestro cuerpo”, señala el Dr. Johnston.

“La reducción de la grasa corporal disminuye nuestras posibilidades de desarrollar obesidad y enfermedades relacionadas, por lo que es vital para mejorar nuestra salud en general”, agrega.

La implementación puede requerir flexibilidad

Los investigadores también estaban interesados ​​en saber si tales ajustes en los horarios de las comidas serían aceptables a largo plazo y si podrían encajar perfectamente en los horarios diarios de las personas.

Como resultado, es posible que el cambio no sea tan fácil de incorporar. De todos los participantes, el 57 por ciento declaró que no podrían seguir comiendo de acuerdo con el horario experimental más allá del marco de tiempo del estudio, ya que los horarios cambiados chocaban con sus compromisos diarios habituales.

Al mismo tiempo, sin embargo, el 43 por ciento de los participantes admitió que estarían felices de considerar continuar con la dieta de alimentación restringida en el tiempo si los horarios de las comidas fueran un poco más flexibles.

“[Como hemos visto con estos participantes, las dietas de ayuno son difíciles de seguir y es posible que no siempre sean compatibles con la vida familiar y social”, admite el Dr. Johnston, y agrega:

"Por lo tanto, debemos asegurarnos de que sean flexibles y propicios para la vida real, ya que los beneficios potenciales de tales dietas son evidentes".

Explica que los hallazgos del estudio reciente le permitirán a él y a sus colegas realizar "estudios más amplios y completos sobre la alimentación con restricción de tiempo" en el futuro.

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